PRENSA | Notas de interés o o

05/06/2014

Agroindustria, una política Ausente

 

AGROINDUSTRIA, Una política ausente.

EL agropecuario y el agroindustrial conforman el más importante encadenamiento productivo   -hacia atrás y hacia adelante-  del país, el  principal generador de  riqueza.

Sabemos que cuando al campo le va bien, está bien el país y ello se percibe claramente en nuestros pueblos y ciudades, en el interior profundo. Lamentablemente, en medio de fabulosas oportunidades internacionales, en la última década  el gobierno nacional ha ignorado y castigado sistemáticamente al sector más competitivo de la Argentina, que aportó en ese período a las arcas del estado 70 mil millones de dólares, solo en concepto de retenciones a las exportaciones

Hace poco tiempo atrás se realizó  - convocada por un reducido grupo de legisladores que tuve el placer de conformar- una nueva consulta pública sobre la situación e las economías regionales. No sólo los propios actores sino también diferentes especialistas en  economías regionales  señalaron -como vienen haciendo desde hace tiempo pero, en especial durante el último año-  que luego de la salida de la convertibilidad estos sectores tuvieron una época dorada, pero en los últimos cinco años comenzó a complicarse su situación y se produjo un debilitamiento en líneas generales.

 Un breve análisis de reportes recientes indica que en el primer trimestre de 2014, la región pampeana registra caída interanual en las ventas al exterior de autos, maíz, trigo y cebada, compensados en parte por subproductos de la soja, leches enteras y vehículos de transporte de mercancías.

Más allá de estos datos puntuales, un análisis extendido demuestra que cayeron todas las exportaciones regionales, debido a una menor producción por suba de costos, alta presión impositiva, tipo de cambio desfavorable e incertidumbre sobre la rentabilidad. Tras un atraso cambiario acumulado de varios años, la devaluación del peso a principios de 2014 no alcanzó para mejorar la competitividad de las economías regionales. Así lo señala un estudio de CONINAGRO, la que destaca que los costos se han incrementado considerablemente en los últimos meses.

Sin entrar en la consideración de las situaciones particulares, pueden señalarse los aspectos centrales de los problemas que atraviesan a las distintas regiones y a sus producciones características: falta de infraestructura, alto costo de los fletes, excesiva  primarización, asociada a  la escasa estructura de transformación para el agregado de valor, son sólo algunos de los puntos críticos para la competitividad de las economías regionales.

 

La falta de políticas públicas y de apoyo estatal han sido señalados como  dos cuestiones centrales.  ¿Podemos imaginar cuál sería el escenario si se apoyara el sector agroindustrial en su conjunto, habida cuenta de que se trata del sector con mayor potencialidad del país? , si se lo protegiera e incentivara como ocurre en Uruguay, Chile, Paraguay,  o Brasil -que han crecido sostenidamente- mientras que en Argentina ya desaparecieron 60 mil productores en una década.? Esto sin mencionar las crisis de las industrias vinculadas.

En el marco de la consulta pública ya mencionada, citamos el caso de la cadena foresto-industrial,   un ejemplo más que claro en este sentido.  Su amplio potencial de desarrollo (20 millones de hectáreas distribuidas en un importante conjunto de pcias) implica que debe generarse un programa de promoción integral que logre mayor industrialización de la madera pulpable (elaboración de pasta celulósica, papel o tableros de fibras de madera), generación de energía con biomasa, aserraderos y plantas de remanufacturas.   Países vecinos (Chile, Brasil y Uruguay) han contado o cuentan actualmente con regímenes de promoción (principalmente a través de mecanismos de financiamiento de inversiones) a la radicación de este tipo de industrias y han logrado multiplicar su producción industrial y sus exportaciones;  en el  caso de Chile a través de empresas estatales o de Brasil a través del BNDES, el Estado ha tenido un rol muy importante a la hora de generar incentivos y financiamiento a este tipo de emprendimientos.  La generación de energía con biomasa forestal, la asistencia técnica en distintos eslabones de la cadena, cuestiones de comercio exterior que van desde apertura de mercado a certificaciones medioambientales imprescindibles tienen todavía un amplio margen de políticas  públicas.

Integrar cadenas productivas cuidando todos los segmentos, estimulando el agregado de valor y la innovación productiva son las claves que surgen de analizar el panorama regional y los casos más exitosos de economías que en algunos casos cuentan –paradójicamente-  con menos recursos que la nuestra.

Así, hay varias lecciones que aprender de nuestros vecinos. Tomando como caso el de la cadena de producción porcina, si nos detenemos en la relación con Brasil,  hace tres años que el socio mayoritario del Mercosur sufre un proceso de desaceleración -al igual que nosotros y que otros países- .  Este no es un dato menor para un productor de cerdos en Argentina: si el mercado doméstico brasilero se debilita y no se percibe en el resto del mundo una salida interesante para su producción, la tentación será exportar hacia nuestro país, como ya ha sucedido.  Más allá de la efectividad que puedan tener las medidas de defensa para el sector local que tomó el gobierno -de tipo claramente coyuntural- la diferencia radica en que en Brasil existen cooperativas cuyas actividades cubren desde la producción primaria hasta la góndola, que cuentan con distintos instrumentos de apoyo. Si los productores no se hubieran volcado hacia el asociativismo, no habrían sobrevivido. Ese es el camino para perdurar en el tiempo y para crear fortalezas entre unidades productivas.

Estímulos para la evolución en las formas  de producción, incentivos e instrumentos diversificados de promoción aparecen como pilares de las políticas públicas de largo plazo.

La promoción de la innovación productiva, eso que sucede necesariamente en la empresa con el apoyo del sector del conocimiento y el estímulo de instrumentos fiscales y financieros es otra arista que ya no puede postergarse.

Brasil cuenta desde hace una década (2004) con una ley que establece medidas para promover la innovación y la investigación científica y tecnológica en el entorno de la producción, buscando la autonomía tecnológica -algo de lo que Argentina está muy lejos- y el desarrollo industrial del país. La norma promueve una estrategia general unificada -que evita la acción descoordinada de cada ministerio y organismo estatal y proporciona incentivos, como la transferencia de recursos no reembolsables a las empresas, especialmente a las PYMES

Entonces, como ya hemos señalado en reiteradas oportunidades, es imprescindible concebir la producción agroindustrial como sistema, impulsando las cadenas productivas sin olvidar los vínculos entre ellas,  garantizando por un lado el entorno más estable posible y predecible de reglas de juego, evitando en lo posible  medidas coyunturales, estimulando la transformación primaria en origen, educando para el trabajo con la mirada puesta en el desarrollo local, estimulando el asociativismo por un lado y la innovación productiva por el otro.

La cuestión de la formación técnico-tecnológica es un renglón a recuperar, poner en valor y potenciar; a modo de ejemplo quiero mencionar la Tecnicatura en Electro-Metalmecánica creada por la UNL en el Centro Universitario de Gálvez con el objeto de reforzar el cluster metalmecánico del centro y sur oeste de esta Pcia. Conscientes de su importancia, vamos a tramitar la declaración de interés por parte del congreso de la nación, lo que la hace pasible de recibir subsidios a partir de distintas fuentes y vamos a gestionar becas para aquellos estudiantes que tengan limitaciones económicas para proseguir los estudios.

Estrechar lazos entre el conocimiento y la producción es  un desafío que no puede postergarse, porque mantiene competitivas a las empresas,  impulsa las economías regionales, afianzando industrias locales y atrayendo nuevas empresas

Establecer políticas públicas de largo plazo con un claro replanteo del rol del estado es claramente impostergable, así como la labor de un poder legislativo que rediscuta un nuevo sistema de retenciones, un sistema impositivo que incentive la producción y genere condiciones para incrementar el horizonte de trabajo y empleo.

Para esto se impone establecer y mantener estrategias de diálogo sostenido y de trabajo conjunto entre los distintos actores: gobierno, productores, empresarios, industriales, trabajadores e integrantes del medio científico tecnológico, haciendo de ellos herramientas cotidianas.

Santa Fe, Junio de 2014.

 

Mario Barletta

Diputado de la Nación

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te recomiendo que leas la nota "Agroindustria, una política Ausente": http://www.mariobarletta.com/nota-agroindustria-una-politica-ausente-35.html, publicada en la pagina web de Mario Barletta, pre-candidato a Diputado Nacional por la Provincia de Santa Fe.
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