PRENSA | Notas de interés o o

03/07/2013

Aniversario del fallecimiento de Hipólito Yrigoyen

Pertenece al linaje de los hombres que con su conducta le otorgaron dignidad a la política. Fue un dirigente, un líder y un caudillo, pero por sobre todas las cosas fue un gran hombre, un hombre convencido de que la política merecía ese nombre, si apuntaba a fines trascendentes.

Convencía con la palabra y el ejemplo; la palabra sobria, medida y justa y el ejemplo austero. Nunca habló en público. Fue  el único caudillo en la historia del siglo veinte que ganó el corazón del pueblo con el silencio. Nunca habló en público, pero los que lo conocieron ponderaban sus convicciones, sus certezas, esa pasión serena, esa singular manera de vivir el destino de la patria.

Padeció injurias y agravios que nunca respondió. Sabía que el tribunal de la historia iba a pronunciar el veredicto definitivo. Como los grandes hombres de la patria Hipólito Yrigoyen hoy es de todos. Son muy pocos los políticos que lograron trascender las fronteras de su partido para instalarse en la memoria y en el corazón del pueblo. Hipólito Yrigoyen es uno de ellos. Muerto recibió la honra de la historia; en vida conoció el amor de su pueblo. Fue el primer político del siglo veinte que despertó pasiones nobles en las clases populares. Criollos e inmigrantes, pobres y clases medias, trabajadores del campo y la ciudad, empresarios y funcionarios, lo reconocieron y lo respetaron. Pero los que lo amaron con más pasión y lealtad fueron los postergados, los excluidos, las víctimas del privilegio nacional y extranjero.

Los payadores le dedicaron sus mejores coplas. Homero Manzi lo recuerda en milongas  memorables. Borges y Jauretche creyeron en él.

Político realista, conocía el poder, pero nunca lo usó con fines subalternos. Mucho menos para vengarse o enriquecerse. Para Yrigoyen “la causa” era un programa y una misión. Cuando todos hablaban de guerra él habló de paz; cuando todos se postraban ante  el becerro de oro él reivindicó los principios. Fue el primer jefe de estado que habló del honor nacional “Los hombres son sagrados para los hombre y los pueblos son sagrados para los pueblos”, dijo; … y si hubiera sido escuchado el destino del mundo en el siglo veinte seguramente habría sido otro.

Siempre sintió mas hondo y vio más lejos. Defendió la universidad pública y alentó la rebelión juvenil porque creyó en el destino de la juventud estudiosa. Protegió el petróleo y defendió los derechos de los arrendatarios.  Fue el primer presidente que recibió a los obreros en su despacho. Y fue el primer presidente víctima del golpe de estado propiciado por quienes no se resignaron a aceptar que su tiempo histórico había concluido.

Murió lejos del poder pero metido muy hondo en el corazón de la gente. Sus enemigos lo atacaron con los adjetivos más duros, pero nadie durante su presidencia tuvo miedo por su vida o por su patrimonio. Llegó al poder en 1916 con una fortuna discreta y cuando lo dejó en 1930 era pobre. Una multitud salió a la calle a despedirlo el día de su muerte. Nunca nadie había visto  tanta gente llorando con tanto desconsuelo. El poeta Raúl González Tuñón lo expresó con palabras bellas y certeras: “Un pueblo lo lloraba y cuando un pueblo llora que nadie diga nada porque todo está dicho”
 

Rogelio Alaniz

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