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05/05/2014

El Populismo impide el desarrollo

 El populismo impide el desarrollo

 
Tiempo atrás en un programa radial Pablo Gerchunoff hizo una excelente caracterización de los años de gobierno nacional al denominarlos como una etapa de “desarrollismo populista”, que él mismo definió como una contradicción en sí misma. La contradicción está en que los tiempos del desarrollismo y del populismo son completamente distintos, lo que hace entrar en conflicto a los intereses y objetivos que guían uno y otro y termina en una experiencia fallida.
El populismo kirchnerista se sustentó en la necesidad de asegurar un elevado apoyo en las urnas sobre la base de políticas asistencialistas, de fuerte expansión del gasto y de impulso al consumo que constituyeron las fuentes de un crecimiento económico (necesariamente) a tasas chinas. Se sostuvieron políticas de expansión del gasto durante los años de crecimiento como el congelamiento de tarifas, que se desmantela de manera inoportuna en la etapa actual de estancamiento. Dicho de otra manera, respuestas coyunturales a problemas estructurales en busca de efectos inmediatos que exigen los tiempos eleccionarios.
Estas medidas de corto plazo entran en conflicto con una estrategia de desarrollo sostenible que ataque los problemas estructurales de la Argentina. Esto significa coordinar la política macroeconómica con políticas productivas, tecnológicas, educativas y de infraestructura activas que apunten a reducir la brecha de productividad y competir sobre la base de una oferta que contenga calidad y conocimiento.
Cada estructura productiva está asociada a un tipo de empleo. En países con estructuras productivas en las que predominan sectores económicos altamente informales, que compiten en el mercado únicamente sobre la base de sus precios (ser baratos) y no de la calidad y complejidad tecnológica que contiene su oferta, las posibilidades de desarrollo son reducidas. Fundamentalmente porque economías como estas son más vulnerables a cambios en los precios internacionales y porque cuando la fuente de competitividad está muy centrada en el precio existe presión a mantener bajos los salarios relativos (con informalidad y desprotección social).
El desarrollo económico se logra con políticas de cambio estructural que busquen la diversificación y creación de sectores económicos donde la calidad y el nivel de calificación del empleo sean clave. En primer lugar, porque generar un verdadero cambio estructural es la única vía para ahuyentar el fantasma de la restricción externa y los famosos stop and go. En segundo lugar, porque genera mejores condiciones de vida, mejores salarios y mejor calidad del empleo. Simplemente porque cuando las actividades incorporan conocimiento, los trabajadores de mayor calificación son más protegidos por sus empleadores porque constituyen un activo importante que no quieren perder.
¿Esto significa elegir los sectores de mayor complejidad tecnológica y relegar otras actividades económicas? No. La estrategia de desarrollo debe partir de la estructura económica existente y, sobre esa base, potenciar y diversificar los sectores relevantes de la economía y, también,
impulsar la creación de nuevos sectores. Es indudable que el sistema agronómico es clave en la economía argentina y debe ser un protagonista del desarrollo. Esto es lo que el gobierno nacional no comprendió, insistiendo con realzar la vieja dualidad del campo vs. industria. En la actualidad la economía funciona a través de redes o sistemas de valor que involucran la interacción de diversos actores e instituciones con diversas especializaciones sectoriales. El sistema agronómico involucra una diversidad de componentes que incluye no sólo las actividades puramente agrícolas sino también muchas actividades industriales como la producción de agroquímicos, software para agricultura de precisión, biotecnología, maquinaria agrícola, entre las más relevantes. “Industria y campo se conjugan”. No “industria vs campo”. Este fue uno de los principales errores de percepción del gobierno.
Lamentablemente se optó por un modelo puramente populista a expensas del cambio estructural a pesar de haber tenido una oportunidad histórica de implementar políticas genuinas de desarrollo económico que motoricen la inclusión social. Gozó de altos ingresos de exportación derivados de los elevados precios de los commodities. La mayor parte de esos ingresos se destinaron a cumplir con los objetivos populistas en vez de financiar el esfuerzo tecnológico, la formación de recursos humanos, el desarrollo de capacidades industriales y la inversión en infraestructura de soporte a la producción.
¿Cuál fue el error del gobierno? La respuesta a esta pregunta está en tres tesis que conviven en el pensamiento de diferentes dirigentes kirchneristas. La primera fue creer que el desarrollo podía lograrse en los tiempos del populismo. Se hicieron algunos esfuerzos de política tecnológica desde la creación del Ministerio, aunque tardíos y marcados por la urgencia política de mostrar resultados inmediatos. Un proyecto de desarrollo tecnológico en la industria química lleva más de 10 años!
La segunda fue pensar que ambos eran compatibles y podían lograrse con políticas industriales que sólo generan ventajas competitivas espureas o ficticias, de muy corto plazo, como una respuesta desesperada a los problemas de divisas. Este es el caso del cierre y traba de importaciones, que puede coyunturalmente aumentar la competitividad de la industria en el mercado doméstico porque se elimina la competencia y no porque reduce la brecha de productividad con los productores externos.
La tercera es que puertas adentro se haya optado por un modelo únicamente populista y el desarrollo sólo forma parte del relato.
Cualquiera fuese la respuesta, la realidad nos dice que el fantasma de la restricción externa vuelve a aparecer y el conflicto entre los objetivos populistas y desarrollistas es evidente. Los datos lo respaldan. El superávit comercial argentino está en retroceso (de hecho el último dato marca déficit), la Argentina tiene déficit de cuenta corriente y la balanza comercial industrial es deficitaria. La participación de las Manufacturas de Origen Industrial en el total de las exportaciones es la misma de hace 15 años (34% en 2012 vs 33% en 1998).
El crecimiento se sustentó en ingresos por exportación de commodities y en la demanda interna. Pero sin aumentos de productividad no puede sostenerse el gasto social. Aumentar la productividad y diversificar la estructura económica es el camino genuino para incorporar trabajadores de la informalidad a un empleo de calidad, formal y decente. En cambio, la estrategia kirchnerista no ha hecho más que reproducir las trampas del crecimiento económico.
 
Santa Fe, Mayo de 2014.
Mario Domingo Barletta
Diputado de la Nación por Santa Fe
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te recomiendo que leas la nota "El Populismo impide el desarrollo": http://www.mariobarletta.com/nota-el-populismo-impide-el-desarrollo-32.html, publicada en la pagina web de Mario Barletta, pre-candidato a Diputado Nacional por la Provincia de Santa Fe.
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